Vena Cava: un imprescindible de la Ruta del Vino de México

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Entre viñedos, food truck y alta gastronomía

Por fin estamos aquí, en una de las vinícolas más prestigiosas de México, cuyos vinos no solo se venden en el país, sino que se exportan a los Estados Unidos.

Las etiquetas de Vena Cava se encuentran en los menús de restaurantes como el Pujol, en la Ciudad de México, y El Cosme, en Nueva York, ambos clasificados entre los mejores restaurantes del mundo.

Ha sido fundada en el 2005 por Phil y Eileen Gregory, quienes se enamoraron perdidamente de la región, y decidieron comenzar una nueva vida dedicándose al cultivo de la viña en el Valle.

Vena Cava ha sido concebida con un espíritu de sustentabilidad, tanto en el cultivo de su viñedo orgánico –sin pesticidas ni abono químico– como en la construcción del lugar. De hecho, al llegar a la bodega, la primera cosa que salta a la vista es la arquitectura.

Aquí, entre los viñedos, se encuentra una estructura cuya colorida entrada está custodiada por la proa de un barco. ¿Casualidad? ¡Para nada!

Es Alejandro D’Acosta –arquitecto venerado en el Valle de Guadalupe– quien ha diseñado el lugar. Dos elementos característicos de su trabajo: Los barcos y el uso de materiales locales reciclados. Ambos, rasgos comunes que también pude encontrar en otros proyectos suyos: Conchas de Piedra y Galera, en el Valle de Guadalupe y la Ciudad de México, respectivamente.

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Uno de los barcos de la estructura construida por Alejandro D’Acosta en Vena Cava. Foto Karla Acosta

La degustación de vino

Enrique nos recibe y nos lleva hacia la sala de degustación. Siento que entro en las entrañas de un barco con ese enorme casco que sirve de techo. Al ver nuestra mirada atónita, nuestro guía nos precisa que, en total, son cinco los barcos pesqueros abandonados en Ensenada que se han recuperado para la construcción.

La propia etiqueta de los vinos está inspirada en un boleto de barco. Después de enterarme que Phil y Eileen han recorrido el mundo navegando, entiendo que su vinícola es un alusión inevitable a sus dos grandes pasiones.

En total, son diecinueve las etiquetas producidas por Vena Cava, algunas de distintos proyectos, pero hoy cataremos las siete principales.

Comenzamos por el sauvignon blanc, un vino natural, ligeramente opaco, con toques de manzana verde, pera y hierba recién cortada. Sigue el ámbar, un vino anaranjado que en realidad es un blanco natural fermentado con la uva entera. Un vino muy floral y con notas de mandarina. Cabe señalar que Vena Cava es el primer viñedo de Baja California en producir un vino naranja.

El vino rosado, 50% grenache y 50% syrah, tiene notas de frambuesa y de cereza, muy fresco y mineral, nada dulce (para mi fortuna) con algunas notas de acidez.

Su clarete es un vino rojo de uva cabernet franc, es ligero y algo dulce, pero no tan fresco como un rosado ni tan cálido como un tinto; tiene notas de pimienta, especias, mantequilla y caramelo.

El tempranillo es, tal vez, mi preferido. Un vino ligero, pero tánico y amaderado, con notas de ciruela, chocolate, pimienta y mantequilla.

El cabernet sauvignon, también dentro de mi top, es afrutado, mineral, ligeramente dulce y bien equilibrado. Se bebe fácilmente. Su aroma es intenso, entre frutos rojos y tabaco.

Terminamos con broche de oro, por fin llega el turno de su rosado extra brut –soy una gran fanática de los espumosos–, elaborado bajo el método tradicional o champenoise. Elegante, con bastante brillo y notas de frutos tropicales, tal vez, guayaba.

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El vino rosado de Vena Cava. Foto Karla Acosta

La Villa del Valle: alojamiento entre viñedos

Al salir de la degustación, es otro Enrique quien se encarga de guiarnos por la finca. Entre las viñas y las rocas, hay una casa que custodia la zona. Es la residencia de Phil y Eileen, y ha sido transformada en un exclusivo hotel boutique con seis habitaciones.

La villa parece salida directamente de la Toscana y, como la gran enamorada de Italia que soy, no puedo evitar que lleguen los recuerdos de la campiña florentina. La luz cálida, los cipreses, el techo de tejas rojas, cualquiera creería que está en Florencia, pero los cactus nos recuerdan que estamos en México.

Seguimos a través de la casa. El interior es íntimo, entre muebles de madera, libros y varios objetos de arte.

La degustación en Vena Cava está incluída para los huéspedes del hotel, así como la copa de vino y los canapés a la hora del té.

Puedo visualizarme aquí perfectamente. Estoy segura de que podría pasar varios días yendo y viniendo entre la piscina y la sala, con una copa de vino en una mano y un libro en la otra.

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Hotel Villa del Valle. Foto Karla Acosta
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Villa del Valle. Foto Karla Acosta

Salimos al gran jardín de la Villa del Valle. Paseando por los pequeños senderos rodeados de olivos y lavanda, nuestro dedicado guía nos cuenta que aquí producen su propio aceite de oliva y miel.

Pronto llegamos frente a unas estructuras metálicas, que otrora fueran cascos de pequeñas embarcaciones. Enrique nos explica, ahora, que se trata de una obra creada como parte de un programa de residencia artística, que tiene la finalidad de promover el arte contemporáneo en el Valle de Guadalupe.

Un par de obras de esta iniciativa son el gran arcoíris de Pia Camil, y los barcos de metal de Tania Candiani que se transforman en un enorme instrumento musical de cuerdas cuando sopla el viento.

¡Buenas noticias! Este es solo el inicio del proyecto de tener también una ruta del arte en el Valle de Guadalupe ¡Seguramente pronto aparecerán nuevas obras en la región!

Food truck y alta cocina

Entre la degustación y el placentero paseo, mi estómago ya empieza a exigir comida.

En esta ocasión no tendré la oportunidad de conocer Corazón de Tierra, el restaurante del Grupo La Villa que se ha abierto camino entre los mejores restaurantes de América Latina.

Afortunadamente, hay un food truck en el lugar. ¡Y no cualquiera! Troika es un food truck gourmet, que ofrece una cocina con ingredientes locales frescos.

¡No hay nada que pensar! Nos sentamos en una de las largas mesas verdes de madera, ubicadas frente al lago, donde nos envuelven la brisa y el canto de los pájaros.

¡A comer! Comenzamos por las ostras con cebolla, chile güero, pepinillos, habanero y sal de flor de jamaica. Después, seguimos con el aguachile de pescado acompañado de tortilla, cebolla a la parrilla y chile habanero. Incluso la ensalada de remolacha asada –de la que normalmente no soy fan– está absolutamente deliciosa. Para terminar, más por falta de espacio que por gusto, unas riquísimas tostadas de pulpo y papas fritas con aceite de trufa, queso parmesano, alioli de cilantro y salsa de jengibre.

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El food truck de Troïka. Foto Karla Acosta
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Las tostadas de pulpo. Foto Karla Acosta

Todos los sábados y domingos de mayo a octubre, el lugar acoge a un dj. Esta será una muy buena excusa para volver a disfrutar del lugar y beber algunas copas de vino bajo el sol.

Ahora entiendo por qué me aseguraron que Vena Cava era uno de los lugares imprescindible del Valle de Guadalupe. Lo que sí es un hecho, es que varias de sus etiquetas ahora forman parte de mi lista personal de los mejores vinos mexicanos.

Vena Cava

  • Facebook / Sitio web
  • Dirección: Rancho San Marcos S/N Francisco Zarco, Valle de Guadalupe, Baja California, México.
  • Degustación: Cata de 3, 4 o 5 vinos. Para la cata premium de 5 vinos, se requiere un mínimo de seis personas con reservación previa, e incluye tabla de quesos, miel de lavanda, pan y aceite de oliva. Horario de lunes a domingo de 11 a 17 horas.

Todas las fotos son la propiedad intellectual de Karla Acosta

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